El origen de un lenguaje visual
Creado en 1896 por Georges Vuitton, el monograma nació como una respuesta a la falsificación. Sin embargo, su impacto fue mucho más allá de lo funcional. Las iniciales entrelazadas y los motivos florales construyeron una identidad visual reconocible, que transformó al estampado en una firma estética con valor propio.


Del objeto al ícono cultural
Con el paso de las décadas, el monograma dejó de ser solo un detalle decorativo para convertirse en un fenómeno cultural. Acompañó los cambios en la forma de viajar, de vestir y de consumir, pasando de los baúles de lujo a los bolsos urbanos que hoy forman parte del imaginario global de la moda.

El aniversario como ejercicio de reinterpretación
Para celebrar este aniversario, Louis Vuitton revisita sus modelos más emblemáticos y los actualiza desde una mirada contemporánea. El monograma reaparece con nuevos tratamientos visuales que dialogan con el archivo de la casa, demostrando que la tradición también puede ser dinámica.
Siluetas que atraviesan generaciones
Modelos como el Speedy, el Alma, el Noé o el Keepall sostienen el legado de la maison. Son piezas que no responden a tendencias pasajeras, sino a una lógica de permanencia: diseño, funcionalidad y deseo.





Un símbolo vigente
A 130 años de su creación, el monograma de Louis Vuitton sigue siendo mucho más que un estampado. Es identidad, historia y estrategia. En un contexto donde todo parece efímero, su vigencia confirma que el verdadero lujo no necesita reinventarse por completo, sino evolucionar con coherencia.


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