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Jacquemus Otoño/Invierno 2026: una oda contemporánea al espíritu de Picasso

SOFÍA BELÉN HOU
January 30, 2026

Jacquemus eligió un escenario cargado de simbolismo para presentar su colección Otoño/Invierno 2026: el Musée Picasso de París. No se trató solo de una locación prestigiosa, sino de una declaración conceptual. Desde el primer paso dentro del museo, la sensación fue clara: esta vez no se hablaba únicamente de moda, sino de atmósfera, historia y tensión artística.

A diferencia de los homenajes literales o decorativos, Simon Porte Jacquemus construyó un tributo inteligente, sutil y profundamente emocional. No replicó directamente las obras de Picasso ni cayó en el cliché del “arte hecho prenda”, sino que buscó conectar con el espíritu del artista, especialmente a través de una figura clave: Paloma Picasso, su hija, ícono de una feminidad fuerte, sensual y provocadora.

Paloma como musa: fuerza femenina y elegancia peligrosa

La referencia central de la colección fue una famosa fotografía en blanco y negro de Helmut Newton: Paloma vestida de negro, con un hombro al descubierto, el escote cubierto apenas por una copa de vidrio. Una imagen cargada de poder, erotismo y misterio.

Jacquemus no intentó copiar esa escena, sino recrear su energía. En su propuesta, la feminidad no es delicada ni complaciente: es directa, magnética, incluso incómoda. Vestidos negros ajustados, escotes asimétricos, siluetas que abrazan el cuerpo sin pedir permiso. La mujer Jacquemus 2026 no busca gustar: impone presencia.

Sastrería como arquitectura emocional

Uno de los grandes aciertos de la colección fue su manejo de las proporciones. Los trajes aparecen en versiones alargadas, con cinturas marcadas, hombros precisos y una sensación constante de equilibrio entre rigidez y fluidez. Las faldas estructuradas y los abrigos de líneas limpias funcionan casi como esculturas en movimiento.

La ropa no grita, pero tampoco se esconde. Es una elegancia contenida, donde cada corte parece pensado como una composición visual. Menos ornamento, más tensión interna.

Arte sin solemnidad: el ADN Jacquemus sigue intacto

A pesar del contexto museístico y las referencias artísticas, Jacquemus evitó caer en la solemnidad. La colección conserva su sello lúdico y humano: vestidos tejidos que acompañan el movimiento natural del cuerpo, prendas masculinas con pequeños gestos irónicos, detalles que recuerdan que el arte también puede ser ligero.

Lejos de idealizar el arte como algo intocable, Jacquemus propone una mirada más cercana: el arte se vive, se habita, se mueve con el cuerpo.

Un homenaje al espíritu, no a la obra

El cierre del desfile fue una reconstrucción directa de la imagen de Paloma: vestido negro, hombro descubierto, copa de vidrio en mano. Pero el mensaje no fue nostalgia, sino actualización. No se trató de copiar el pasado, sino de reactivar una energía cultural: la de una mujer libre, sensual, fuerte y peligrosa.

Jacquemus no homenajeó un cuadro, ni una fotografía, ni siquiera a Picasso como figura histórica. Homenajeó algo más profundo: la actitud creativa, la osadía, la belleza como riesgo.

En tiempos donde la moda parece debatirse entre el minimalismo extremo y la saturación visual, Jacquemus propone una tercera vía: menos espectáculo, más intención; menos tendencia, más identidad. Una colección que no busca ser explicada, sino sentida.

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