Un consumo más lento, pero no en todos los sectores
Diciembre confirmó una tendencia que se venía insinuando en los últimos meses del año: los hogares ajustaron gastos y priorizaron compras. El consumo general mostró una leve baja interanual, aunque el balance anual terminó en terreno positivo frente a 2024.
La clave estuvo en la desigualdad entre rubros: mientras algunos sectores se estancaron, otros lograron adaptarse al nuevo clima económico.
Los números que explican el rebote
Dentro de ese escenario, indumentaria y calzado crecieron cerca de un 5% interanual en diciembre, aportando puntos concretos al índice general de consumo. El dato es fuerte si se tiene en cuenta que el cierre de 2024 había sido uno de los momentos más débiles para el sector.
La recuperación no respondió a un aumento del consumo impulsivo, sino a un rebote medido, basado en reposición de prendas, básicos y compras estratégicas. La moda volvió a moverse, pero con otra lógica.
Comprar menos, elegir mejor
El contexto inflacionario y el desgaste del financiamiento modificaron el comportamiento del consumidor. Las cuotas largas perdieron protagonismo y las decisiones de compra se volvieron más racionales.
En ese marco, las marcas que mejor performaron fueron aquellas que entendieron el momento: precios escalonados, promociones puntuales, colecciones versátiles y mensajes realistas.
La moda dejó de competir por volumen y pasó a competir por relevancia.
Una señal para 2026
El cierre de 2025 deja una lectura clara: la moda no se sostuvo por inercia, sino por adaptación. En un año de consumo más selectivo, el sector logró recuperar terreno y volver a crecer, marcando una señal alentadora de cara a 2026.
Cuando todo se frena, la moda demuestra que todavía sabe cómo avanzar.
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